Nací en Madrid en 1970. Mis primeros recuerdos son de una casa antigua en la calle de Atocha, la casa donde viviría más tarde uno de los protagonistas de La casa de los amores imposibles, Santiago Laguna. Tenía un pasillo de dieciocho metros que recorría a toda velocidad para saltar en brazos de mi padre cuando regresaba a casa de trabajar, dieciocho metros de oscuridad en las noches donde imaginaba acechándome al lobo de los programas de Félix Rodríguez de la Fuente. Dieciocho metros donde me agazapaba con mi hermana los domingos para ver Curro Jiménez por la puerta entreabierta del cuarto de estar, después de que mi madre nos enviara a la cama.

Comencé a escribir en esa casa, poemas, y en los años donde la infancia presenta las primeras fugas hacia la adolescencia, los once o los doce, en mi caso, que era y soy niña de los ochenta, de la Bola de cristal y Aplauso. No me queda testimonio de estos versos, afectados por la angustia del crecer y otros males de los que ni el tiempo me ha curado, solo conservo aquellos que escribí pasados los quince. De esos años también son los primeros cuentos.

A los dieciséis años perdí a mi abuela materna, que había vivido siempre en casa y era como mi otra madre. La muerte se instaló en toda mi escritura de juventud y con ella los primeros desvelos sobre la vida y la existencia. Nadie (quizá influenciada  por el título de la novela de Carmen Laforet, Nada) se titulaba la primera novela que no terminé nunca de escribir, lo cual agradezco a las musas pues solo su relectura, por asomarme al ayer, me hunde en paño de lágrimas.

Consolándome en verso y prosa cumplí los dieciocho y me enamoré de Luis Cernuda. Me hubiera arrancado el pellejo y el sujetador por él como cualquier adolescente histérica delante de Justin Bieber. Me obsesioné con buscar sus libros  de poemas y todo lo que se había escrito sobre él, leí poesías, biografías, ensayos…, Ocnos una y otra vez… quise haber sido hombre …. haber vivido cincuenta años atrás en la residencia de estudiantes… quise haberme exiliado… haberme parecido a Lorca … haber sido ese Serafín al que dedicaba en silencio sus Poemas para un cuerpo.

Ese mismo año, debido a mi profesor de literatura, descubro Cien años de soledad, que se convertiría en el libro en prosa que más veces he leído y el que me llevaría a una isla desierta. No me enamoro de García Márquez, solo de su escritura.

Estudié Derecho por tradición-influencia familiar. Además veía la serie americana La ley en los Ángeles y padecía el ideal juvenil de querer luchar por la justicia y la libertad.

En segundo año de Derecho decidí dejar la carrera y me encerré en casa a escribir una novela que esta vez terminé. Su título: El corazón moscovita. Recuerdo que como era, y sigo siendo, del Jurásico tecnológico aún no tenía ordenador así que se la dicté a mi novio de aquella época, (hoy gran amigo, unen mucho las tardes de saliva y teclas) para que me la escribiera en el suyo. La presenté al concurso de la universidad J&B Joven y Brillante que no gané. Regresé a la facultad en el mismo año para alegría de mis padres, y logré salvar dos asignaturas. Una siempre ha sido de estudiar mucho pero a última hora, con noches de coca cola y mi gato sobre la mesa.

Tras terminar la carrera, trabajé durante varios años en distintos bufetes de abogados donde mi ideal de contribuir a hacer justicia perdió como poco la inocencia. Entre juicio y demanda, continué escribiendo, soñaba con que me publicaran un libro y marcharme a Guatemala escuchando Islands de Mike Olfield. La montaña azul fue la siguiente novela que terminé, una historia con seres y mundos fantásticos influenciada por la lectura de El señor de los anillos y La historia interminable. Cada cierto tiempo me propongo reescribirla, pero me pierdo en otros proyectos a pesar de que echo de menos escribir fantasía.

En el año 2000 comienzo a asistir al taller de escritura de Clara Obligado y encuentro no solo una maestra y una amiga también una familia literaria. Escribo relatos y participo en antologías junto a otros narradores del taller.

En 2006 y 2007 estudio un Master de propiedad intelectual en la Universidad de Comillas con el deseo de acercarme lo más posible a la creación en mi trabajo como abogado. Me reconcilio con el ejercicio de mi profesión y emprendo una nueva etapa. Para celebrarlo regreso a la fantasía y escribo una novela juvenil El hombre que se mareaba con la rotación de la Tierra,  con ella gano el Premio de Novela juvenil Villa Pozuelo de Alarcón y en 2009 veo publicada mi primera novela con la editorial Everest (para entonces el sueño de ir a Guatemala escuchando Islands se había perdido en el recuerdo).

Durante esos años ya trabajaba en la historia de una mujer llamada Olvido Laguna, una mujer tocada por la maldición de la belleza que vivía en la Castilla de Machado. Varias versiones, varios títulos, más de siete años viviendo con las mujeres Laguna acuestas, amando, odiando, vengándome con ellas, terminaron en La casa de las amores imposibles. Antes de su publicación en España por la editorial Plaza&Janés en junio de 2010, se vendieron los derechos a Alemania, Grecia y Polonia. En años posteriores han sido más de veinte países los que los han adquirido, entre ellos Estados Unidos, Brasil, Italia, Israel, Finlandia, Suecia, Noruega, Dinamarca etc.

Ese mismo año gané un premio otorgado por los lectores, el de escritora revelación del año. Lo otorgaba el blog literario Llegir en cas d´incendi.

Mi vuelta al relato se produce en el año 2012 con la publicación del libro de cuentos digital El reloj del mundo. Al tiempo escribo otra novela ambientada en el barroco español, El cielo en un infierno cabe, publicada por Plaza&Janés en 2013. He dejado la abogacía y sigo escribiendo. Tierra de Brumas, muestra mi devoción por la tierra y las leyendas gallegas y mi inquietud por la búsqueda de una nueva forma de expresión dentro de mi escritura.